La primera persona del plural.
Vamos a ser sinceros: me da miedo escribir y por eso me refugio en la primera persona del plural, como si vosotros formaseis parte de mí y, así, mal de muchos, consuelo de tontos como yo, pero no siempre sirve.
No sé cómo van las cosas. No sé si van bien, si van mal, si tengo algo de control sobre mi vida, aunque sea mínimo, para cambiarla a placer o si simplemente estoy viviendo a una manera que no es la mía, o quizá sí sea la mía y aún no lo he asumido. Me cuesta continuar tanto como después de un punto y seguido; hay demasiadas opciones, demasiados finales o formas de matarme que nunca sé por cuál decidirme. Supongo que cualquiera está bien y a la vez no, y siento como si alguien estuviese detrás del folio y de mi vida esperando a que me equivoque para echármelo en cara. Siempre, haga lo que haga, todo termina mal. Con cualquier cosa.
Pensaba que la felicidad estaba en las personas, pero cada vez estoy más cansado de ellas. He leído algo que podría haber escrito perfectamente yo y ojalá haber podido hacerlo hace dos o tres años. El que lo ha escrito decía que había echado a una persona importante de su vida porque no le leía y en cierta manera se sentía culpable. Cuánto daño ha hecho el amor romántico. Seguro que dio menos oportunidades que yo y ni siquiera se planteó dejar de hacerlo, de escribir, por esa persona. Igual le salió bien, mientras que a mí... bueno, no estuvo mal del todo, pero no tengo la facilidad de los demás para alejar de mí a personas que no me aportan. No entiendo por qué. Puede que tenga que ver con la destructiva influencia que sus opiniones ejercen en mí, opiniones que hace tiempo omitía, pero no dejaban de caerme como gotas del cielo, una a una o a montones a veces, hasta que han terminado por calarme.
A veces necesito pararme, ¿sabes? Reservarme un par de días para mí, no saber de nadie, ser egoísta. No me gusta hacerlo porque en esos momentos es cuando escribo - ahora - y normalmente la gente no lo entiende. Nunca entienden nada. No pretendo que lo hagan, solo que dejen de fingir que se interesan por mí y de pretender que me pasa algo por estar así. Soy feliz solo y a veces acompañado, solo a veces, solo un poco, por eso cuando menos gente hay a mi alrededor, más libre soy, menos explicaciones tengo que dar por mis actos que, aunque incoherentes muchas veces, son míos y no he llegado aún al punto de sentir necesidad por justificarme ante nadie.
Es cierto que quizá sea un poco tóxico. Yo, todo esto, mi vida. Algunas personas más que otras. Sé que hay quien se da cuenta de ello y cree que tiene la autoridad y el poder necesarios para cambiarme. A mí. En el fondo soy un jodido arrogante que no sabe dónde está metido y, a pesar de ser un arrogante, sigo esperando mensajes que no llegan nunca y que me hacen perder el tiempo mirando un panel de notificaciones vacío. Además de con gente, ahí me doy cuenta de que sigo solo, pero de un modo que no me gusta, que no elijo. Estar solo por elección es una fortuna, pero estar solo por obligación... y así se nota cuando escribo. Tengo en leído a personas maravillosas porque no sé apreciarlas y sigo creyendo que valgo para algo. Puede que tengas razón, que soy un arrogante.
A veces pienso que todo esto sería mucho más sano hablarlo con alguien que merezca la pena y no escribirlo aquí y después subirlo a un blog de mierda donde todo lo que está escrito es una mierda excepto lo que no escribo yo para que lo lea alguien que, de nuevo, sí vale la pena, pero no sé apreciar. Siempre pasa eso. Supongo que llegará alguien adecuado y espero saber verlo.